La ausencia de datos claros sobre los inventarios de café en Estados Unidos expone un juego de intereses que pone en duda la credibilidad de las instituciones que deberían garantizar la transparencia del mayor mercado consumidor del mundo.
Hace más de dos años, la National Green Coffee Association eliminó una herramienta de información indispensable para la cadena productiva.
Desde entonces, las estimaciones más confiables sobre los inventarios estadounidenses se publican gratuitamente únicamente por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y, mediante pago, por la National Coffee Association (NCA). También existen las estadísticas de la Intercontinental Exchange (ICE), que se refieren exclusivamente a los cafés registrados en almacenes certificados en Estados Unidos y Europa.
En agosto, con el inicio de los aranceles impuestos por el gobierno estadounidense a Brasil y a otros países productores, se especuló intensamente sobre la cantidad de café disponible para el consumo inmediato en Estados Unidos, con algunas estimaciones que apuntaban a apenas 60 días de consumo.
A pesar del fin de los aranceles, varias preguntas siguen sin respuesta: ¿hasta cuándo resistirán los inventarios actuales? ¿A quién le interesa la falta de información sobre los inventarios en el mayor mercado consumidor de café del mundo? ¿Y qué instituciones cuentan con la credibilidad suficiente para opinar sobre el tema?
Si la pregunta principal de esta columna, relativa a la cantidad y al plazo de alcance de los inventarios actuales en Estados Unidos, parece inalcanzable para la mayoría, nos queda la siguiente pregunta: ¿a quién beneficia el secreto? Las instituciones estadounidenses tienen derecho a proteger los intereses de su propia industria, pero ¿deben ser tomadas en serio como proveedoras de datos globales? ¿Cuál es, entonces, la credibilidad de organizaciones que, actuando bajo conflictos de interés, se presentan como fuentes de estadísticas confiables?
Con frecuencia, la divergencia de datos entre la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) y el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) se señala como prueba de la incapacidad de las instituciones brasileñas para proporcionar al mundo datos fiables sobre la producción nacional, además de las recurrentes acusaciones de conflictos de interés con la propia industria local.
Cabe recordar que estas acusaciones suelen ser formuladas por actores que buscan cuestionar el profesionalismo y la metodología de las organizaciones brasileñas, al tiempo que suponen la existencia de conflictos de interés en nuestras instituciones, que tendrían la intención de presionar los precios al alza para beneficiar a los productores nacionales.
Lo que vemos, por lo tanto, es el tradicional tira y afloja de la información, con acusaciones, posibles errores metodológicos y la supuesta falta de credibilidad de las organizaciones nacionales para ofrecer datos concretos de producción. Surge entonces una reflexión: ¿no podrían aplicarse estas mismas acusaciones a instituciones similares en países consumidores?
La libertad de información, de comercio y de opinión es uno de los pilares de la sociedad estadounidense y existe desde la independencia del país en 1776. Sin embargo, no hay libertad que resista la tentación del proteccionismo. Corresponde, por tanto, a los agentes del mercado en los países productores mantenerse atentos a la hipocresía y la demagogia de quienes no tienen, ni nunca han tenido, interés en la prosperidad de la cadena cafetera en su conjunto.
